Ésta es una ciudad de pequeñas locuras. Llueve hacia arriba. Vuelve a llover hacia arriba. Todos los festivos se manifiestan las partículas, hartas como están de la vida subterránea y de que no haya costumbre de llover hacia arriba. Beben aguardiente, danzan en la acera y después saltan y resaltan con la ayuda de trampolines de gomaespuma. Allí, en las nubes, se quedan unas horas. Hasta que el cielo deja de oler a bicicleta. Y cuando es hora de agotarse, dejan caer los toboganes y entonan himnos fúnebres y en ese momento a todos nos parece que ésta sigue siendo una ciudad de pequeñas locuras pero vuelta a su reverso, porque por fin llueve hacia abajo. Vuelve a llover hacia abajo.
24/03/08
24/03/08

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