En un día extraño, en el que el ayuntamiento-fama decide cambiar el sentido de la calle de tu casa, y repentinamente encuentras una fila de coches-cronopio en sentido contrario, uno a lo mejor siente necesidad de que lean su mano y adivinen el futuro: ¿volverá a cambiar el ayuntamiento el sentido de la calle? Aloysius Bertrand leyó lo siguiente:
El pulgar es ese gordo tabernero flamenco, de temperamento socarrón y procaz, que fuma delante de su puerta bajo el letro de la doble cerveza de marzo.
El índice es su mujer, una arpía seca como un bacalao que, desde que se levanta por la mañana no hace sino abofetear a su sirvienta, de la que está celosa, y acariciar la botella, de la que está enamorada.
El dedo corazón es el hijo, compañero mal desbastado, que sería soldado de no ser cervecero y que sería caballo de no ser hombre.
El dedo anular es la hija, ágil e irritante Zerbina, que vende encajes a las damas y no vende sus sonrisas a los caballeros.
Y el dedo meñique es el benjamín de la familia, mocoso llorón que siempre va agarrado a la cintura de su madre, como un niño colgado del colmillo de una ogresa.
Los cinco dedos de la mano son el más mirífico alhelí de cinco hojas que jamás haya bordado los parterres de la noble ciudad de Haarlem.
Creo haber leído en algún lugar que este libro sirvió de inspiración a Baudeleire. Y no es de extrañar. Lean si no la poética que colgué hace unos días.
(Gaspard de la Nuit; Artemisa Ediciones; Aut: Aloysius Bertrand; Traducción de Maryse Privat y Fátima Sáinz)
El pulgar es ese gordo tabernero flamenco, de temperamento socarrón y procaz, que fuma delante de su puerta bajo el letro de la doble cerveza de marzo.
El índice es su mujer, una arpía seca como un bacalao que, desde que se levanta por la mañana no hace sino abofetear a su sirvienta, de la que está celosa, y acariciar la botella, de la que está enamorada.
El dedo corazón es el hijo, compañero mal desbastado, que sería soldado de no ser cervecero y que sería caballo de no ser hombre.
El dedo anular es la hija, ágil e irritante Zerbina, que vende encajes a las damas y no vende sus sonrisas a los caballeros.
Y el dedo meñique es el benjamín de la familia, mocoso llorón que siempre va agarrado a la cintura de su madre, como un niño colgado del colmillo de una ogresa.
Los cinco dedos de la mano son el más mirífico alhelí de cinco hojas que jamás haya bordado los parterres de la noble ciudad de Haarlem.
Creo haber leído en algún lugar que este libro sirvió de inspiración a Baudeleire. Y no es de extrañar. Lean si no la poética que colgué hace unos días.
(Gaspard de la Nuit; Artemisa Ediciones; Aut: Aloysius Bertrand; Traducción de Maryse Privat y Fátima Sáinz)

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