Un francés revolucionario

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Hablo de Descartes. Hoy es moneda frecuente, cuando se quiere denigrar un pensamiento, describirlo como cartesiano. Tú dices: "Vaya tío más cuadriculado. Menudo cartesiano" y como que ya tienes media discusión ganada. Pero lo cierto es que hoy, muchos de nosotros, de Descartes, no tenemos más que una caricatura.

Descartes fue un revolucionario. Se puede leer lo siguiente en la carta que precede a sus meditaciones metafísicas, dirigida a los decanos y doctores de la Sagrada Facultad de Teología de París, y que tenía por finalidad el que la Iglesia aprobara su libro:

" (...) que aunque sea absolutamente verdadero que debe creerse en Dios proque así se enseña en las santas Escrituras, y, aunque por otra parte, se deban creer las santas Escrituras que vienen de Dios (porque siendo la fe un don de Dios, aquello que da la gracia para hacer creer las demás cosas, la puede dar también para hacernos creer que existe), no se podrá, sin embargo, proponer esto a los infieles, que podrán imaginar que se comete en esto la falta que los lógicos llaman círculo vicioso".

Pero la carta fracasó. A la Iglesia no le gusto su libro. Creyó Descartes que la Iglesia iba a aprobar su libro porque demostraba racionalmente la existencia de Dios, lo que suponía, según él mismo justificaba, añadir más cemento a la institución eclesiástico, reforzarla, asegurándose mediante la razón la posibilidad de convencer a los infieles de la existencia de Dios. Porque a los infieles que no creían en las Escrituras, decía Descartes, se les podía convencer de la existencia de Dios con la razón.

Pero nada más lejos. La revolución de Descartes -católico convencido, por cierto- consistió en abrir una primera brecha en el poder monopolístico de la Iglesia, cuyo instrumento de control de la vida pública eran las escrituras (al no existir la libre interpretación, se convertían -como se convierten en muchos países islámicos- en un extraordinaria y fácil control de las normas de conducta). Descartes abrió el camino hacia la libertad de pensamiento. Descartes fue un revolucionario. Nos guste o no somos hijos de él.

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Poch, Cartesio es el hijoputa que nos ha llevado al mundo de mierda en el que vivimos; a veces me pregunto si no sería mejor vivir como campesinos medievales.

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