Debiéramos repartir la estupidez con menos prodigalidad. Lo digo en serio. Tanta estupidez acaba por cansar. Como que ya tenemos bastante con nuestra estupidez propia para encima tener que cargar con la estupidez de otros.
Ojito al parche. Entrevista de un "periodista" de Quimera a una "escritora" premiada con el Josep Pla (iba a omitir el nombre, pero no me da la gana: se llama Llucia Ramis y su novela se titula "Egosurfing", denominación que no sé qué iluminado ha inventado para referirse a esa actividad consistente en teclear tu nombre en el google para ver cuánto de famoso eres; fascinante).
- Periodista:
De la "generación IKEA" al egosurfing. ¿los treintañeros empiezan a tener conciencia de sí mismos?"
- Entrevista:
Empezamos a tener conciencia de nosotros mismos desde pequeños. También descubrimos de pequeños que debemos llamar la atención para que nos hagan caso. Internet es un escaparate donde se exponen las vanidades de quienes quieren provocar una reacción. La busqueda de uno mismo a través del reconocimiento en algo es nuevo, al contrario. Nos vendemos constantemente, y la Red es una desmotración explícita de ello. Somos muy infantiles y estamos orgullosos. Nos tomamos en serio, sin embargo, hacemos un montón de tonterías".
Efectivamente, la entrevistada dice un montón de tonterías. Tonterías decimos todos, claro, yo el primero, pero me preocupa que los profesionales del discurso público sean casi tan prolíficos en estupideces como yo. Y también me sorprende que repartan su cuota de estupidez con tanta generosidad. Que no se sorprendan.
¿Pero no se debieran caracterizar los periodistas por una mirada algo sútil en vez de valerse en sus entrevistas de tópicos? (ahora el tópico es, ya digo, lo de egosurfing; de repente somos toda una generación de "egosurfings", y si no la somos, pues da igual, que decir en el periódico que los treinteañeros son "egosurfings" queda de lo más espontáneo -otro término sería pedante-)
Pero sobre todo me preocupa lo de la escritora. Reconozco que debe de ser difícil contestar a una pregunta así, pero la respuesta no tiene desperdicio. ¿A nadie más que a mí le llena de irritación que un escritora, profesión a la que se supone una profunda sensibilidad y conocimiento de la psicología y sociedad, describa a todos los treinteañeros como muy infantiles y orgullosos. ¿Ha realizado algún tipo de estudio sociológico? ¿ha preguntado a varios amigos y de ahí ha sacado la conclusión? ¿La ha sacado de los Gran Hermanos y las Operaciones Triunfos? A mí, (y a un par de amigos a los que he preguntado) desde luego, no me ha preguntado y, si me lo permite, la entrevista, le diré que ni soy infantil, ni estoy orgulloso. No me siento orgulloso ni de ella ni de mí mismo. Más bien lo contrario.
Mal vamos si los escritores premiados en nuestro país, lejos de destruir los tópicos y los prejuicios, enemigos mortales de la literatura, se sirven de ellos. Entonces sí que nos quedamos sin literatura. O, peor, nos quedamos con un sucedáneo que se hace "pasar por". Lo dicho. Que estupideces decimos todos pero, por favor, seamos menos generosos. Quedémos con un poco de estupidez en casa. Ahorremos algo papel.
Ojito al parche. Entrevista de un "periodista" de Quimera a una "escritora" premiada con el Josep Pla (iba a omitir el nombre, pero no me da la gana: se llama Llucia Ramis y su novela se titula "Egosurfing", denominación que no sé qué iluminado ha inventado para referirse a esa actividad consistente en teclear tu nombre en el google para ver cuánto de famoso eres; fascinante).
- Periodista:
De la "generación IKEA" al egosurfing. ¿los treintañeros empiezan a tener conciencia de sí mismos?"
- Entrevista:
Empezamos a tener conciencia de nosotros mismos desde pequeños. También descubrimos de pequeños que debemos llamar la atención para que nos hagan caso. Internet es un escaparate donde se exponen las vanidades de quienes quieren provocar una reacción. La busqueda de uno mismo a través del reconocimiento en algo es nuevo, al contrario. Nos vendemos constantemente, y la Red es una desmotración explícita de ello. Somos muy infantiles y estamos orgullosos. Nos tomamos en serio, sin embargo, hacemos un montón de tonterías".
Efectivamente, la entrevistada dice un montón de tonterías. Tonterías decimos todos, claro, yo el primero, pero me preocupa que los profesionales del discurso público sean casi tan prolíficos en estupideces como yo. Y también me sorprende que repartan su cuota de estupidez con tanta generosidad. Que no se sorprendan.
¿Pero no se debieran caracterizar los periodistas por una mirada algo sútil en vez de valerse en sus entrevistas de tópicos? (ahora el tópico es, ya digo, lo de egosurfing; de repente somos toda una generación de "egosurfings", y si no la somos, pues da igual, que decir en el periódico que los treinteañeros son "egosurfings" queda de lo más espontáneo -otro término sería pedante-)
Pero sobre todo me preocupa lo de la escritora. Reconozco que debe de ser difícil contestar a una pregunta así, pero la respuesta no tiene desperdicio. ¿A nadie más que a mí le llena de irritación que un escritora, profesión a la que se supone una profunda sensibilidad y conocimiento de la psicología y sociedad, describa a todos los treinteañeros como muy infantiles y orgullosos. ¿Ha realizado algún tipo de estudio sociológico? ¿ha preguntado a varios amigos y de ahí ha sacado la conclusión? ¿La ha sacado de los Gran Hermanos y las Operaciones Triunfos? A mí, (y a un par de amigos a los que he preguntado) desde luego, no me ha preguntado y, si me lo permite, la entrevista, le diré que ni soy infantil, ni estoy orgulloso. No me siento orgulloso ni de ella ni de mí mismo. Más bien lo contrario.
Mal vamos si los escritores premiados en nuestro país, lejos de destruir los tópicos y los prejuicios, enemigos mortales de la literatura, se sirven de ellos. Entonces sí que nos quedamos sin literatura. O, peor, nos quedamos con un sucedáneo que se hace "pasar por". Lo dicho. Que estupideces decimos todos pero, por favor, seamos menos generosos. Quedémos con un poco de estupidez en casa. Ahorremos algo papel.

Leí no se donde ni a quien que "nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia".
El problema como dices es que imbéciles por desgracia hay muchos y se hace muy complicado cumplir con esa máxima. Hay rebajas de imbéciles, dos por uno, vales e incluso bonos mensuales. Aparecen en la tele, escupen por la radio y los lees en los periódicos.
El problema del imbécil o del estúpido es que no tiene consciencia de su propia imbecilidad o estupidez. Es más, muchas veces ni siquiera el que intercambia "reflexiones" con ellos (imprescindible el entrecmillado)se da cuenta de ello.
No voy a ser yo quien haga una enmienda a la totalidad y afirme, como hizo Machado, que España es un país de "charanga y pandereta", pero ha de reconocerse que ejemplos como el trascrito no ayudan a estimar lo contrario.
"Somos muy infantiles y estamos orgullosos. Nos tomamos en serio, sin embargo, hacemos un montón de tonterías". ¡Es impresionante! es una especie de Fredikure a lo Gombrowith, ¿no?. Citando al mismo autor que dijo algo así como que haran falta muchos profesionales para idiotizar a la gente, creo que el periodista es uno de esos profesionales y la escritora por lo que dice, no parece necesitar de sus servicios de idiotización, en absoluto.
Muy bueno. Hacer "un monton de tonterias" podría llamarse "estupidsurfingmogollón", o ser infantil y estar orgulloso de serlo "egodiarreinggüay"
(Y lo mejor de todo es que ganan premios...)
Ja, ja, ja.¡Que buen rato de risas tontas!
¿no?
Abrazos pre-viernes
ec
Os recomiendo la lectura de este artículo escrito por la siempre sagaz Rosa María Artal: http://rosamariaartal.wordpress.com/2010/02/16/la-infantilizacion-de-la-sociedad/
Os estracto un par de párrafos:
"Me alarma cada vez más la infantilización de la sociedad, incluso de algunos que crean opinión informando. Parece mentira que conociendo a diario una serie de signos, los olviden de una vez para otra, no los recuerden y relacionen. Y en eso igual que los políticos. Y hasta los economistas. No digamos ya el ciudadano medio. Ya hemos hablado otras veces de la estupefacción que produce que nos aconsejen en invierno cómo protegernos del frío, y en verano del calor. Menos mal que se han lanzado a tan loable iniciativa, porque, hasta ese venturoso día, veíamos a la gente muerta de congelación en la calle, y fritos y deshidratados en verano".
"De esa estrategia forma parte la búsqueda del adocenamiento paulatino y metódico de la población. Un entretenimiento zafio, basado en la satisfacción instantánea y el espectáculo, que busca acabar con la capacidad de análisis crítico de la ciudadanía. Y para redondear el trabajo, se reforman los sistemas educativos en el sentido de que refuercen este cóctel letal. Y se consigue una enseñanza espectáculo que, rompiendo con los valores cívicos, enaltece los valores creados por el capitalismo (el triunfo, el dinero, el egoísmo). De tal modo que la mayoría de una sociedad condenada por el sistema al paro, a una educación precaria, a una sanidad cada vez al alcance de menos, amenazada con una vejez de indigencia sin pensiones, viva feliz y despreocupada".
Saludotes.