"Por fin me había alcanzado una bala. A la vez que percibía el balazo sentí que aquel proyectil me sajaba la vida (...). Mientras caía pesadamente sobre el piso de la trinchera había alcanzado el convencimiento de que aquella vez todo había acabado, acabado de manera irrevocable. Y sin embargo, aunque parezca extraño, fue aquél uno de los poquísimos instantes de los que puedo decir que han sido felices de verdad. En él capté la estructura interna de la vida, como si un relámpago la iluminase".
(Ernst Jünguer; Tempestades de acero; Tusquets editores; trad. de Andrés Sánchez Pascual)
(Ernst Jünguer; Tempestades de acero; Tusquets editores; trad. de Andrés Sánchez Pascual)

Poch,
¡Jünger! Sí, mon cher, sí, Jünger sí, sigue por ahí...