(Fragmento extraído de los "Ensayos críticos" de Roland Barthes)
Es cierto que los personajes trágicos manifiestan “sentimientos”; pero estos “sentimientos” (orgullo, celos, rencor, indignación) no son en modo alguno psicológicos, en el sentido moderno del término. No son pasiones individualistas nacidas en la soledad de un corazón romántico; el orgullo no es aquí un pecado, un mal maravilloso y complicado; es una falta contra la ciudad, es una desmesura política; el rencor nunca es otra cosa que la expresión de un derecho antiguo, el de la venganza, mientras que la indignación no es más que la reivindicación oratoria de un derecho nuevo, el acceso del pueblo al juicio reprobador de las antiguas leyes. Este contexto político de las pasiones heroicas rige toda su interpretación. El arte psicológico es en principio un arte del secreto, de la cosa a un tiempo oculta y confesada, pues forma parte de la ideología esencialista el representar al individuo como habitado inconscientemente por sus pasiones: de ahí un arte dramático tradicional, que consiste en hacer ver al espectador la interioridad asolada (…) Por el contrario, el arte trágico se funda en una palabra absolutamente literal: en él la pasión no tiene ningún espesor interior, está totalmente extravertida, dirigida hacia su contexto cívico. Un personaje “psicológico” nunca dirá: “soy orgulloso”; Clitemenestra lo dice, y toda la diferencia radica ahí.
Es cierto que los personajes trágicos manifiestan “sentimientos”; pero estos “sentimientos” (orgullo, celos, rencor, indignación) no son en modo alguno psicológicos, en el sentido moderno del término. No son pasiones individualistas nacidas en la soledad de un corazón romántico; el orgullo no es aquí un pecado, un mal maravilloso y complicado; es una falta contra la ciudad, es una desmesura política; el rencor nunca es otra cosa que la expresión de un derecho antiguo, el de la venganza, mientras que la indignación no es más que la reivindicación oratoria de un derecho nuevo, el acceso del pueblo al juicio reprobador de las antiguas leyes. Este contexto político de las pasiones heroicas rige toda su interpretación. El arte psicológico es en principio un arte del secreto, de la cosa a un tiempo oculta y confesada, pues forma parte de la ideología esencialista el representar al individuo como habitado inconscientemente por sus pasiones: de ahí un arte dramático tradicional, que consiste en hacer ver al espectador la interioridad asolada (…) Por el contrario, el arte trágico se funda en una palabra absolutamente literal: en él la pasión no tiene ningún espesor interior, está totalmente extravertida, dirigida hacia su contexto cívico. Un personaje “psicológico” nunca dirá: “soy orgulloso”; Clitemenestra lo dice, y toda la diferencia radica ahí.

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