El término medio me deprime. Hay a quien le deprimen los días nublados y hay a quien le deprime la televisión; a mí lo que me deprime (en el sentido de que me desgana) es eso que llamamos el término medio. Cuando alguien me dice: "hombre, ni tanto ni tan calvo" o, más claramente, "tenéis razón los dos" (lo que es imposible de pura lógica), a mí todo eso me suena a mediocridad rampante y consciente, es decir: "tú al medio, que ahí pasas desapercibido".
El término medio es como esas conversaciones sobre el mal tiempo que mantenemos con un vecino en el ascensor. De tan fácil y tan a mano que viene para solucionar cualquier conflicto, del tipo que sea, suena a verdad y todo. Qué gran invento el término medio. ¿Que te viene un amigo a contarte que ha discutido con la mujer porque a uno le gusta la ensalada con aceite y a la otra con vinagre? Nada. Tú al término medio. Echadle un poco de cada cosa y ya está.
Pero es que una cosa es enriquecer la mirada, ser conscientes de los matices que tenemos todos, y otra bien distinta es no querer mojarse y no atreverse a comprometerse con lo que uno dice. Yo me echo a dudar cuando le cuento a alguien un problema y me aconseja que encuentre el término medio. Ya está, pienso, acaba de soltarme la solución comodín: el término medio y a tomar por culo.
Y entonces me acuerdo de René Char: "lo que viene al mundo para no trastornar nada, no merece ni consideración ni paciencia"; o de Juan Larrea: "En lealtad sólo hay un modo de ser, el de la pasión".
El término medio es como esas conversaciones sobre el mal tiempo que mantenemos con un vecino en el ascensor. De tan fácil y tan a mano que viene para solucionar cualquier conflicto, del tipo que sea, suena a verdad y todo. Qué gran invento el término medio. ¿Que te viene un amigo a contarte que ha discutido con la mujer porque a uno le gusta la ensalada con aceite y a la otra con vinagre? Nada. Tú al término medio. Echadle un poco de cada cosa y ya está.
Pero es que una cosa es enriquecer la mirada, ser conscientes de los matices que tenemos todos, y otra bien distinta es no querer mojarse y no atreverse a comprometerse con lo que uno dice. Yo me echo a dudar cuando le cuento a alguien un problema y me aconseja que encuentre el término medio. Ya está, pienso, acaba de soltarme la solución comodín: el término medio y a tomar por culo.
Y entonces me acuerdo de René Char: "lo que viene al mundo para no trastornar nada, no merece ni consideración ni paciencia"; o de Juan Larrea: "En lealtad sólo hay un modo de ser, el de la pasión".

Hola Javi! Siguiendo tu dirección de correo he llegado hasta aquí. Por echar más leña a lo que estás diciendo, a mi lo que me exaspera es cuando ya alguien llega a decir:
-Como dijo Aristóteles, la verdad está en el término medio.
La verdad???? LA VIRTUD es lo que dijo Aristóteles. Pero además es que si fuera como ellos afirman, para que estudiamos? para qué esforzarse? Ya tienen el gran atajo intelectual. Coger dos posturas que les parezcan muy diferentes (aunque una sea de un experto en el tema y otra de un energúmeno, aunque uno argumente y el otro no), sumarlas y dividir por dos.
Lo peor es que se sienten sabios, ponderados, casi hasta bondadosos y como ya les he oído decir: ecuánimes. Sin comentarios.
Un saludo!
!Aaaaah¡ La pasión...En el amor, en la vida, en nuestras convicciones. La pasión resulta muy atractiva, sin duda, ahora bien, una cosa es ser fiel a unas convicciones, un punto de vista o unas ideas, pero si todos defendieramos una postura con la misma pasión ¿no estaríamos todo el día peleando? A veces, hay que encontrar una solución intermedia, no para contentar a todos, sino para poder vivir en paz, porque no nos podemos pasar la vida en pie de guerra. No siempre una solución intermedia significa indiferencia por el resultado, a veces se sacrifica la pasión menor en un sentido para alimentar otra mayor en otro sentido, perder una batalla para ganar una guerra.