Esperaba mi turno en una comisaría llena de gente. Estaba sentado en un banco de hormigón y a mis pies tenía una maleta oscura. Una familia se había colocado a mi lado y me daba cuenta el hijo adolescente llevaba una maleta parecida a la mía. La familia venía de un largo viaje y, al levantarse, corría yo hacia el hijo adolescente porque sospechaba que había cogido mi maleta en vez de la suya. Pero él miraba ambas y decía: “es imposible. Tú maleta es más pequeña y, además, está vacía”.
Nocturnos (I)
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¡El pez, el pez!
Bitácora de creación literaria y otros menesteres.
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La vida está llena de confusión y malentendidos.
Como sueño tiene su punto, pero como cuento es mucho mejor.