En uno de esos viajes que nuestros padres solían hacer al corazón de África, a lo más profundo de la selva, a papá le ofrecieron cambiar un tótem africano por mamá. Y, por supuesto, aceptó. Papá puso el tótem en el centro del salón y desde entonces tenemos la costumbre de hacer sacrificios. A los pies del tótem han ardido todos nuestros juguetes y varios gatos. ¿Qué será lo siguiente que ordene? Los siete hermanos comenzamos a sospechar que el tótem desea ver cómo enterramos a papá durante una semana.
El ídolo
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¡El pez, el pez!
Bitácora de creación literaria y otros menesteres.
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