Aquí tenéis una pequeña recopilación de los "Cuadernos críticos" de Clandestino Menéndez. Para que os echéis unas risas. El libro no lleva prospecto médico pero es altamente recomendable porque funciona como vacuna contra toda la vazofia cultural que algunos empresarios intentan inocular. Eso sí que es gripe porcina y lo demás son tonterías. Podría, el Ministerio de Sanidad y Política Social, incluir estos Cuadernos críticos entre sus publicaciones oficiales. O alguna fundación. O la obra social de alguna Caja de Ahorros.
- EL CÓDIGO DA VINCI (Dan Brown)
... Allá va, mientras, Langdon el Hermoso (pág. 27) rumbo al Louvre a bordo de un Citroen ZX, momento que aprovecha Dan Brown para describirnos París al modo turista, pero además turista de viaje organizado, con imágenes de postal y descripciones sosas como pocas (dice, tal que muy emocionado, que allá estaba la Torre Eiffel, <<apuntando al cielo>>, y se le asemeja un falo de trescientos metros de altura). A destacar esta reflexión (pág. 29) que el autor, un poco gabachófobo, hace sobre Francia, <<un país conocido por sus machistas, sus mujeriegos y sus líderes bajitos y con complejo de inferioridad, como Napoleón o Pipino el Breve>>. Ah, claro, Pipino el Breve, ese símbolo universal de lo francés.
- EL ALQUIMISTA (Paulo Coelho)
... La caravana echa a andar y, según no explica Coelho, <<en el desierto sólo se oía el viento perpetuo, el silencio y los cascos de los animales>>. Sería un desierto empedrado.
- VELÓDROMO DE INVIERNO (Juana Salabert)
... Tal también en aquella ocasión en que, atravesando unos niños huidos de los nazis, clandestina y nocturnamente, los Pirineos, a uno de ellos le dio un ataque de pánico y uno de los resistentes que les guiaba <<logró calmarlo recitándole al oído lo poco que recordaba de la Chanson de Roland>>. Sin poner en duda los valores literarios de la Chanson de Roland, obra cumbre de la lírica medieval francesa, no creo yo, sinceramente, que esa extraordinaria epopeya a rebosar de sangre, espadas, lanzazos, armaduras abolladas, brazos tajados, cráneos hendido y cabezas rebanadas, sea la recitación más adecuada para tranquilizar a un niño al que le persigue la Gestapo.
- DOS MUJERES EN PRAGA (Juan José Millás)
... <<Me fascináis los zurdos, de verdad>>, dice la chica, <<porque tenéis que aprender a vivir en un mundo hecho por diestros>>, y a continuación cita varisos ejemplos de artículos de la vida cotidiano que suponen un obstáculo para los zocatos... ¡Y no da ni una! Es increíble. Cito: <<Los interruptores de la luz, las manilllas de las puertas, los cajones de las mesas, los grifos de los lavabos...>> (los puntos suspensivos son de Millás, al que no se le ocurrían más cosas). Nada de esto, en verdad, tiene importancia, pero es sólo un ejemplo de adónde lleva escribir a lo transilvano y solidario. Porque los tiradores de los cajones, generalmente, suele estar en el centro; respecto a los grifos es cierto que los zurdos pueden tener alguna desventaja a la hora de abrir el agua fría, pero se ve compensada con la facilitadad que tienen sobre los diestros para dar paso al agua caliente, y, por último, suponiendo que al ir a entrar en una habitación TODOS los interruptores de la luz y pomos de puertas se hallen a la derecha... dime, lector ubicuo, ¿dónde estarán esos mismos interruptores y pomos a la hora de salir?
- LA CANCIÓN DE DOROTEA (Rosa Regas)
... Página 84: <<Y allí estaba otra vez el hombre del sombrero negro>>. Ocurre que, a lo largo de lo que llevamos de novela, la narradora-protagonista ha tenido varios encuentros y fugaces visiones de un hombre pues, lo dicho, con sombrero negro. Con varias quiero decir quince o dieciséis, a veces dos por página, de una manera tan frecuente y usual que todo el aire inquietante que Rosa pretendiera darle a esa figura acaba por diluirse. Porque, efectivamente, alguien debería explicarle a esta mujer que cuando uno se encuentra repetidas veces con un individuo en las inmediaciones de su casa no es un tipo misterioso y enigmático. Es un vecino.
- EL CÓDIGO DA VINCI (Dan Brown)
... Allá va, mientras, Langdon el Hermoso (pág. 27) rumbo al Louvre a bordo de un Citroen ZX, momento que aprovecha Dan Brown para describirnos París al modo turista, pero además turista de viaje organizado, con imágenes de postal y descripciones sosas como pocas (dice, tal que muy emocionado, que allá estaba la Torre Eiffel, <<apuntando al cielo>>, y se le asemeja un falo de trescientos metros de altura). A destacar esta reflexión (pág. 29) que el autor, un poco gabachófobo, hace sobre Francia, <<un país conocido por sus machistas, sus mujeriegos y sus líderes bajitos y con complejo de inferioridad, como Napoleón o Pipino el Breve>>. Ah, claro, Pipino el Breve, ese símbolo universal de lo francés.
- EL ALQUIMISTA (Paulo Coelho)
... La caravana echa a andar y, según no explica Coelho, <<en el desierto sólo se oía el viento perpetuo, el silencio y los cascos de los animales>>. Sería un desierto empedrado.
- VELÓDROMO DE INVIERNO (Juana Salabert)
... Tal también en aquella ocasión en que, atravesando unos niños huidos de los nazis, clandestina y nocturnamente, los Pirineos, a uno de ellos le dio un ataque de pánico y uno de los resistentes que les guiaba <<logró calmarlo recitándole al oído lo poco que recordaba de la Chanson de Roland>>. Sin poner en duda los valores literarios de la Chanson de Roland, obra cumbre de la lírica medieval francesa, no creo yo, sinceramente, que esa extraordinaria epopeya a rebosar de sangre, espadas, lanzazos, armaduras abolladas, brazos tajados, cráneos hendido y cabezas rebanadas, sea la recitación más adecuada para tranquilizar a un niño al que le persigue la Gestapo.
- DOS MUJERES EN PRAGA (Juan José Millás)
... <<Me fascináis los zurdos, de verdad>>, dice la chica, <<porque tenéis que aprender a vivir en un mundo hecho por diestros>>, y a continuación cita varisos ejemplos de artículos de la vida cotidiano que suponen un obstáculo para los zocatos... ¡Y no da ni una! Es increíble. Cito: <<Los interruptores de la luz, las manilllas de las puertas, los cajones de las mesas, los grifos de los lavabos...>> (los puntos suspensivos son de Millás, al que no se le ocurrían más cosas). Nada de esto, en verdad, tiene importancia, pero es sólo un ejemplo de adónde lleva escribir a lo transilvano y solidario. Porque los tiradores de los cajones, generalmente, suele estar en el centro; respecto a los grifos es cierto que los zurdos pueden tener alguna desventaja a la hora de abrir el agua fría, pero se ve compensada con la facilitadad que tienen sobre los diestros para dar paso al agua caliente, y, por último, suponiendo que al ir a entrar en una habitación TODOS los interruptores de la luz y pomos de puertas se hallen a la derecha... dime, lector ubicuo, ¿dónde estarán esos mismos interruptores y pomos a la hora de salir?
- LA CANCIÓN DE DOROTEA (Rosa Regas)
... Página 84: <<Y allí estaba otra vez el hombre del sombrero negro>>. Ocurre que, a lo largo de lo que llevamos de novela, la narradora-protagonista ha tenido varios encuentros y fugaces visiones de un hombre pues, lo dicho, con sombrero negro. Con varias quiero decir quince o dieciséis, a veces dos por página, de una manera tan frecuente y usual que todo el aire inquietante que Rosa pretendiera darle a esa figura acaba por diluirse. Porque, efectivamente, alguien debería explicarle a esta mujer que cuando uno se encuentra repetidas veces con un individuo en las inmediaciones de su casa no es un tipo misterioso y enigmático. Es un vecino.

Recièn te encuentro.
Es cierto: uno no saluda a toda la gente que se cruza, digamos, por la calle. Pero como sospecho que andarè mucho por aquì, me pareciò de buena eduacaciòn (...bah, en realidad, me dieron ganas)la fresca sonrisa de rigor que uno tiene para con los vecinos que le caen bien.
Asique, buenos dìas
¿vazofia? o bazofia
Contesto un poco tarde, que he tenido la bitácora escacharrada, pero... qué misterios te traes, anónimo...