Quinto con azotea

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Mi hermano me ha llamado para decirme que llegará tarde al cine. Según parece, a la escalera de su casa le ha dado por cambiar otra vez de sentido. Los escalones han vuelto a aparecer del revés. O baja por el techo -cosa harto improbable para un tipo gordo como mi hermano-, o nos quedamos, como tantos otros viernes, sin la película.

Hay escaleras que merecen ser plegadas a martillazos.

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