Ahí estoy:
En el peso lento
de la pérdida.
En el alimento
del ruido.
En los vértices.
No hay nada.
Tan solo vibración
de lo ausente.
Archivos Julio 2009
Hay una calle cerca de casa a la que vienen a morir los cuervos. Algunos mueren antes que otros. Cuando uno cae al suelo, el resto se arremolina alrededor para observar cómo muere. Los cuervos no agonizan, sino que simplemente caen. A veces alguno se cuela y muere en la chimenea pero la casa sigue oliendo como de costumbre. Llegan de madrugada, de uno en uno. Si te acercas lo suficiente a la ventana, es fácil darse cuenta de que todavía tienen un pico afilado. Mamá dice que deberían graznar antes de morir. Según ella, no debería empeñarme en mirarlos de frente mientras están vivos.
Mamá duerme poco. A medianoche apaga la luz de mi dormitorio y desde la cocina, en la oscuridad, observa cómo mueren. Se queda despierta toda la noche; mientras mastica limón, en la oscuridad, se distrae viéndolos caer al suelo. Arrimada a la ventana, a veces parece uno más.
Mamá duerme poco. A medianoche apaga la luz de mi dormitorio y desde la cocina, en la oscuridad, observa cómo mueren. Se queda despierta toda la noche; mientras mastica limón, en la oscuridad, se distrae viéndolos caer al suelo. Arrimada a la ventana, a veces parece uno más.

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