La voz de Holden Caufield

| Sin comentarios
Hace unos días soñé que era una voz. La voz de Holden Caufield; ya saben, el protagonista de El guardián entre el centeno. No es que soñase que hablaba como él, sino simplemente que era su voz. Umbral decía en Mortal y Rosa que todas las mañanas, al despertar, le dolía el ojo derecho "pues la prosa leída la noche anterior está ahí, cuajada, enconada en el ojo, en ese ojo que trabaja y sufre, y nada se me ha pasado al cerebro, sino que un libro entero se me ha quedado bajo el párpado y me presiona el trigémino". Bueno, pues algo parecido. Hay palabras, hay frases y hay voces que te atraviesan como un cuchillo y se te quedan colgando de un hilacho de un cuerpo. Nunca te deshaces del todo de ellas. Beckett, por ejemplo. La primera vez que lees a Beckett te quedas raro. Sí, raro. Porque no sabes qué coño es eso que has leído y que no eres capaz de olvidarlo ni siquiera en el autobús. Si lees a Beckett prepárate para llevarlo a todas partes.

Imagen Thumbnail para 20060215124850-cen.jpg
Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací, y lo asquerosa que fue mi infancia, y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y todas esas gilipolleces estilo David Copperfield, pero si quieren saber la verdad no tengo ganas de hablar de eso.

(El guardían entre el centeno; 1945; J.D. Salinger; Traducción de Carmen Criado; Alianza editorial)
 



Escribir un comentario